Espacios protegidos

ZEPA Sierra de Altomira

La alineación montañosa de la Sierra de Altamira está cubierta mayoritariamente por bosques y matorrales mediterráneos, dominando en el paisaje los pinares naturales de Pinus halepensis, o pino carrasco. Las numerosas áreas rocosas o afectadas por incendios están ocupadas por matorrales basófilos.

La Sierra de Altomira es una alineación montañosa de naturaleza rocosa calco-dolomítica cretácica, de dirección norte-sur, que ha servido como vía migratoria para numerosas especies de flora entre el sector valenciano-tarraconense y el celtibérico-alcarreño. Este papel de corredor ecológico, junto a su litología y el microclima más cálido que se produce en sus hoces (Entrepeñas-Anguix, Buendía, Jabalera, etc.) han contribuido a facilitar sobre el área el asentamiento de extensos pinares de Pinus halepensis , matorrales de sabina negra Juniperus phoenicea, acompañados de coscojas y boj, y romerales termófilos de claras reminiscencias levantinas en fuerte contraste con el resto de la vegetación alcarreña.

Este papel se traduce igualmente en la flora, que presenta especies de óptimo levantino, tales como Teucrium thymifolium, Euphorbia segetalis var. pinea, Cistus clusii, Helianthemum marifolium o Helianthemum lavandulifolium, junto a otras típicamente mesomediterráneas, muy raras en el área celtibérico-alcarreña (Viburnum tinus, Ephedra fragilis, Ephedra nebrodensis, Arbutus unedo, Phyllirea angustifolia, Ruscus aculeatus, etc.). En sus farallones crece el microendemismo Anthirrhinum microphyllum, que da nombre a la peculiar comunidad casmofítica de los farallones en dolomías Anthirrinetum microphylli.

En este lugar también se ha incluido una representación de vegetación gipsófila (propia de zonas de yesos), extendiéndola hacia el área de Almoguera.

El cauce del río Tajo todavía mantiene aquí un bosque galería bien conservado, aunque su presencia es discontinua a lo largo de las riberas. Muy densa y diversificada es también la comunidad de macrófitas sumergidas. Este tramo fluvial mantiene aún poblaciones del cada vez más raro barbo comizo, nutria y de galápagos, a pesar de verse afectado por la presencia de una central nuclear y encontrarse regulado por varios grandes embalses.

El lugar es de un interés inapreciable para la cría de diversas especies amenazadas de aves rupícolas, entre las que destacan águila perdicera, águila real, el halcón peregrino, el buho real, alimoche y la chova piquirroja, dada la abundancia de escarpes rocosos que posee inserto en un paisaje en el que este tipo de sustrato de nidificación es muy raro como es el de las Alcarrias.

Esta zona se encuentra amenazada por numerosas infraestructuras (carreteras, embalses, una central nuclear) así como con la construcción de numerosas urbanizaciones.

Los frecuentes incendios forestales que se suceden sobre la zona en estos últimos años están contribuyendo poderosamente a la desaparición de ecosistemas boscosos en favor de pastizales y matorrales de inferior interés conservacionista. Recientemente se ha apreciado la apetencia de numerosas compañías eléctricas para ubicar parques eólicos en la cuerda de esta Sierra, actuación que podría poner en serio peligro su papel como zona de Especial Protección para las Aves.

El río Tajo es vulnerable frente a cualquier forma de contaminación o alteración artificial de caudales, así como a la corta de arbolado en el bosque galería.

Los yesares situados al oeste de la Sierra pueden verse afectados por eventuales roturaciones o reforestaciones.