Fiestas de interés

El Vítor de Horcajo de Santiago

Si de algo se sienten especialmente orgullosos los horcajeños, es de el Vitor. Festividad declarada de Interés Turístico Regional, que se celebra el 7 y 8 de diciembre de cada año. Nace en el año 1650 influenciada por la Orden de Santiago.

Cuenta la tradición que cuando la Orden de Santiago le entregó el distintivo de la encomienda, los priores de la Orden venían desde Uclés a caballo portando el estandarte de la Virgen y al llegar a Horcajo, sus habitantes aclamaron con fervor a la Inmaculada Concepción. Se trata de la procesión más larga de la cristiandad, en donde tres caballeros portan el estandarte por todo el pueblo durante día y medio intentando avanzar entre la multitud de la gente y sus vítores: "VITOR LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE MARIA SANTÍSIMA CONCEBIDA SIN MANCHA DE PECADO ORIGINAL, VITOR, VITOR, VITOR ....".

 

El 7 de diciembre, a las 20 horas, se produce uno de los momentos más brillantes de esta fiesta: la popular Salve a la Inmaculada Concepción. Miles de personas, rezan al unísono y, con enorme solemnidad, entonan el cántico. Durante varias horas vitorean sin cesar al estandarte, cada vez con más intensidad, y horcajeños y estandarte bailan al unísono en un bonito e impresionante vaivén en forma de olas que contagia a toda la iglesia.

Tras esta aclamación se entrega el estandarte a 3 caballeros portadores, a caballo, que lo pasearán durante el resto de la noche y todo el día por las calles y ermitas del pueblo, entre vitores a la Inmaculada.

 

La noche del día 8, a la llegada de nuevo del estandarte a la Iglesia, se produce su entrega a los horcajeños que intentarán devolverlo a la Sacristía, un camino complicado, pues los fieles no quieren que se guarde. Al desaparecer por la puerta de la Sacristía, el silencio se rompe con un enfervorizado vítor que deja paso a cientos de abrazos y que continúa con una procesión con la imagen de la Inmaculada engalanada en carroza que de nuevo es vitoreada, pero con un acompañamiento pacífico, ordenado, sin voces, expresión de una paz conseguida después de una larga espera.